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Racconto in prima persona degli ultimi attacchi a S.Josè De Apartadò



Una accompagnante Spagnola racconta come ha vissuto l'ultimo attacco alla comunità di pace Colombiana di S.Josè de Apartadò.


 Jueves 17 de noviembre de 2005

La hermana C me había dicho que en San Josesito no había ninguna dia igual a otro, y pude comprobar este dia, jueves, nunca se me olvidará, que es cierto.. Comenzamos las clases a las 8 en punto, como el dia anterior, la respuesta de los niños y las niñas a la convocatoria fue muy buena, el miércoles asistieron a clase unos 30 alumnos, y ya el jueves casi 50, estaba contenta. En el transcurso de la mañana, hacia las 11,15, los niños escucharon el ruido del helicóptero pasando cerca de san josesito, mire fuera del kiosco y los vi pasar, un poquito más tarde oímos las primeras ráfagas y las columnas de humo que se elevaban en las montanas, lejos del pueblo, algunos dijeron que estaba hacia las Nievas. Ese dia jugamos un partido de fútbol, tras las clases, niñas contra niños, y también jugamos a soñar, jugamos a pensar en lo que nos gustaría haber que no podíamos hacer…hacia la 1 del mediodía fui a almorzar con la hermana C, todavía los de Médicos sin Fronteras de Monteria estaban pasando consulta, ya lo habían hecho el dia anterior, así que almorzamos con la bodega invadida de gente, pero fue agradable, comentamos sobre el helicóptero, las ráfagas, donde seria, que pasaría, y al tantito llego G, había recibido una llamada desde Arenas Altas, había combates en el caserío de la Zona Humanitaria, y había un herido, eran casi las 2 de la tarde… Estábamos pendientes del teléfono, pero no lográbamos saber mas, entonces G tomo una decisión: montar un grupo de hombres que fueran a buscar al herido hasta su finca, un poco mas allá de Arenas Altas. Y el grupo se formó rápido, y me pidieron acompañamiento; en ese momento Brigadas de Paz no se encontraba en la comunidad, ni FOR, en la mañana había estado ACNUR, para presentar a su nueva jefa, una madrileña llamada Nuria, pero ya se habían marchado…me tocaba decidir que hacer y la verdad es que no lo pensé mucho, decidí acompañarlos, también se llamó al Defensor Comunitario y la hermana C se quedo esperando, ellos formarían parte de un segundo grupo. Asi comenzamos el camino hacia Arenas Altas a las 2 de la tarde, a buen paso, G iba al frente y éramos unas 10 personas, yo comencé con mucho animo, pero conforme caminaba cada vez me cansaba mas, salimos tan deprisa y con tanto afán que ni siquiera se nos ocurrió coger una botellita de agua, y el sol calentaba fuerte.. Mientras avanzábamos los ánimos estaban altos, los hombres sabían que había que sacar a un herido, y subíamos hacia Arenas Altas conscientes de que podíamos encontrarnos con combates, con la angustia que eso generaba, pero también con una misión clara. En el camino, tras una hora por el llano y después de subir una loma durilla, nos encontramos con gente de Arenas Altas que salía huyendo de allá, una mujer lloraba, llevaba en brazos a un bebe y nos dijo que había dejado a otros 4 hijos detrás, que por favor los sacáramos, ahí me di cuenta de lo que estaba sucediendo realmente. Al poco tiempo nos encontramos con un grupo que venia de La Unión, entre ellos R, nos paramos para comentar si seguiamos o no, ya veiamos a los soldados en el filo del frente, cerca de la valla que anuncia a Arenas Altas como integrante de la Comunidad de Paz de San José de Aparatado, G seguía animoso, que sí, que continuábamos, los de La Unión parecían mas precavidos, pero los hombres de San Josesito siguieron adelante, y a mi, que me había quedado un poco rezagada, casi me toco correr loma abajo. Llegamos a una casita, de un señor llamado Alberto Rodriguez, casi al tiempo que los soldados, eran las 4 de la tarde, ellos, una avanzada de cinco hombres, se nos acercaron disparando al piso, insultándonos, exigiendo que nos sentáramos y que los hombres tiraran los machetes, el susto fue mayúsculo, al oír el primer disparo me asuste tanto que las rodillas se me doblaron, y mire a G, al ver que no se sentaba yo tampoco lo hice, y comenzó a identificarnos como población civil que iba a por un herido, los soldados no atendían a razones, nos seguían apuntando y diciendo que los guerrilleros que les habían estado dando candela toda la mañana también iba vestidos de civil, y que cual herido, que no había tal herido. Nosotros continuábamos diciendo quienes éramos y a lo que ibamos a Arenas Altas, pero no escuchaban mucho, se les veía muy cansados y asustados también, el helicóptero daba vueltas por encima de nuestras cabezas y yo empecé a temer que en una de esas disparara contra nosotros. Entonces G le dijo a uno de los soldados que yo era española y que estaba acompañándoles, los ánimos se calmaron y se hablaron al oído, yo, hasta entonces callada, me atreví a hablar y le pregunté el nombre a uno de ellos, pero no me lo quiso decir, otro me lo dio, porque dijo que el no tenia nada que ocultar, solo nos pedían calma y que esperamos a que llegase el comandante con el resto de la tropa, que llevaban una guerrillera muerta, y también nos aconsejaban que esperásemos a que llegara el Defensor Comunitario, pero no, decidimos seguir adelante hasta un caño, en el que ya si nos encontramos con el resto de soldados y el comandante, que desencajado totalmente nos dijo que subiéramos de nuevo a la casa y que nos metiéramos allá, no había forma de dialogar con el, parecía muy alterado, así que hicimos lo que decía mientras bastantes soldados nos apuntaban, el helicóptero seguía protegiéndoles. Y pasaron todos, incluso una bestia con un fardo pequeño en el que iba envuelta la guerrillera muerta, nosotros dentro de la casa, en el porche, no nos atrevíamos ni a hablar casi, pasaron 15 minutos y al ver que no había mas soldados, ni rastro de mas personas armadas, continuamos hacia Arenas Altas a las 5,15 h. de la tarde, sabíamos que se nos hacia de noche en el camino. En el pantano encontramos rastros de sangre y muchos casquillos de balas, todos del Ejercito, por cierto entre la tropa había soldados de los tres batallones de la Brigada XVII, Voltigeros, Velez y Bejaranos, iba fuertemente armados, con dos y tres fusiles cada uno, y entre ellos había guerrilleros reinsertados que los hombres de san josesito conocían. Llegamos al caserío, estaba todo el mundo fuera, asustado, les habían disparado, incluso había un herido: Luís Hernando, con una bala en la espalda, habían disparado contra la escuela con la excusa que desde allá les estaban disparando a su vez, pero en la escuela no había mas que el maestro y 6 alumnos, y el maestro no hacia mas que repetir que sus únicas armas eran las tizas, me impresionaba.. allá nos informaron que el campesino que pensábamos herido ya estaba muerto, le habían disparado una granada de fusil mientras estaba en el maizal, G salio conmigo para un filo en el que podíamos llamar con el celular y llamo a la Unión, allá le dijeron que mas hombres estaban en camino y que tomara la decisión de ir a levantar el cadáver, cuando bajamos ya había llegado el defensor, Rubén, y el recomendó no levantar el cadáver, teníamos que esperar a que llegasen los fiscales, hasta el dia siguiente, G dijo que la Comunidad asumía la responsabilidad, y el Defensor respondió que listo, que el acompañaba, pero que declinaba la responsabilidad en la decisión. Salimos de nuevo, de noche cerrada y casi sin linternas, por el pantano, y al llegar a una casa, como a media hora de camino, ya cerca del maizal donde estaba el muerto, Arlen Salas, yo no podía mas, asi que decidí quedarme allá y esperar a que regresaran, en esa misma casa estaba la viuda de Arlen, una mujer muy joven. Regresaron a la hora y media mas o menos, llevaban a Arlen en la hamaca que G había estado cargando todo el camino, la viuda comenzó a llorar desconsoladamente, pero no nos demoramos mucho allá, volvimos al caserío de Arenas Altas y ya había llegado la partida con los de La Unión, incluido W, y con rapidez, casi a las 9 de la noche, empezamos el descenso, la hamaca la llevaban dos hombres que se iban turnando, el herido iba en bestia, el defensor, la hermana C. y yo, también. El regreso fue triste, muy triste, casi nadie hablaba, éramos muchos, mas de 50 personas, y llegamos a las 12 a san josesito, todo el pueblo, incluidos los niños, esperándonos, el defensor con su carro bajo el muerto hasta Apartadó, también bajo el herido y Amy, la de FOR, con ellos. El dia, la tarde, la noche, habían sido largos, pero ahí no acabó todo, nos quedamos conversando hasta altas horas de la madrugada, en esos momentos no sentía el cansancio, G se quedo en la bodega con la hermana y conmigo, dijo que no quería ir para la casa, que recién entonces le había entrado el miedo, yo le entendí, repasaba mentalmente los acontecimientos y me iba dando cuenta de lo sucedido, de la magnitud de las cosas, recordaba a la mujer con el bebe diciendo que sus hijos había quedado atrás y sentía pena y rabia e impotencia, recordaba al maestro que había sufrido por sus alumnos y por el mismo, recordaba mi propio miedo al ver a los soldados, recordaba también sus caras cansadas y alteradas, recordaba la imagen del muerto, con la cara quemada y numerosas heridas, pese a todo logre dormir unas horas, pero se sentía la vigilia del pueblo. Ya el viernes fuimos a Apartadó a ver al herido y allá nos encontramos con gente de Brigadas, que subieron, había soldados que estaban preguntando demasiado sobre el herido en el hospital, La tarde del viernes se organizo el velorio de Arlen en el kiosko, y el de una niñita que también había muerto la noche anterior, se llamo a la familia que vivía en Medellín, y seguimos repasando todo lo sucedido, yo lo conté muchas veces, me hacían preguntas, el cansancio se me vino de golpe, no podía mas, asi que me acosté pronto, y ahora estoy en Medellín, necesitaba salir, ya tenia pensada esta salida, pero me ha venido bien para intentar descansar. La situación en san josesito esta demasiado tensa, hoy, miércoles 23 de noviembre, he hablado con la hermana C, la gente de Arenas Altas ha decidido desplazarse, siguen los combates, y la Fiscalia ha anunciado su entrada en La Holandita (san josesito) mañana, me siento un poco impotente estando en Medellín, pero hoy han salido dos mujeres de la Comunidad para la Ruta pacifica de Mujeres y eso también me parece importante, es la lucha, es la resistencia, de la gente de San José. Hay una anécdota que cuenta Carla Mariano, de la Red Italiana de Solidaridad, en una visita de Luís Eduardo a Italia, a participar en la Marcha por la Paz, durante esta marcha Luís Eduardo se sentó a descansar, y Carla medio se burlo de el y le dijo: Campesino cansado, eh, y Luís Eduardo contesto: Cansado si, pero no derrotado.
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