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[A SUD] Da Kyoto a Quito - Desde Kyoto hacia Quito



A
SUD

ASUD INFORMA

Pubblicato ieri sul quotidiano Il Manifesto un articolo di Giuseppe De
Marzo dell'associazione A Sud e del senatore di Rifondazione Comunista/SE
Francesco Martone sulla proposta lanciata dai movimenti ecuadoriani e da A
Sud in Italia sulla moratoria internazionale sulle estrazioni petrolifere.



Il testo integrale su


http://www.asud.net/news/news.php?nw=77


www.asud.net



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Hoy ha sido publicado un articulo escrito por Giuseppe de Marzo de la
Asociacion A Sud y el Senador del Partido de la Rifondacion Comunista/SE
Francesco Martone en el cotidiano italiano "Il Manifesto" sobre la
propuesta lanzada por los movimientos ecuatorianos y la Asociacion A Sud en
Italia sobre la moratoria internacional de las estracciones
petroleras.Abajo el articulo completo.




Si hay algo que no escucharemos ni leeremos en los mensajes de los
comunicados, artìculos y declaraciones oficiales del ùltimo vertice alemàn
del G8 es el término "justicia climàtica" o "deuda ecològica". Mientras se
sigue a argumentar, con escasas posibilidades de suceso, sobre la necesidad
de ir màs allà del Protocolo de Kyoto, la realidad que se presenta a los
ojos de la opiniòn pùblica mundial es que una vez màs la centralidad del
crecimiento econòmico global toma ventaja respecto a la sobrevivencia del
planeta. El asunto tiene que ver con todos, las generaciones presentes y
las futuras. Las conclusiones del IPCC (organismo de las Naciones Unidas
sobre el clima) dan por descontada la alteraciòn del clima causada por el
modelo de desarrollo y calcula pérdidas por màs del 20% del PIL mundial. Un
dato dramàtico para los teòricos del crecimiento que entienden bien como
este escenario marcarìa de un modo u otro el fin de la era capitalista,
incapaz, como le sucederìa a cualquier otro modelo, de soportar una crisis
estructural de estas proporciones. Aquellos comunicados provenientes de
algunos paìses del G8 y de la Uniòn Europea que proclaman que la cuestiòn
del cambio climàtico debe ser afrontada de manera decisiva y determinante,
no son el fruto de una conversiòn ambiental, sino de la convinciòn de que
serà la mano (in)visible del mercado, aquella de los mercados de permisos
de emisiones, o de mecanismos de desarrollo pulido, la que remediarà una
cuestiòn que aparentemente se le escapo de las manos a aquellos que
gobiernan el orden mundial. En este sentido, el aparente autismo de la
administraciòn Bush es realmente la lùcida consecuencia de la imposibilidad
del actual paradigma de salir de la dependencia a los combustibles fòsiles
y de l! a urgenc ia de ! asegurar se el cont! rol de e sos recursos asi sea
con el uso del instrumento militar. Preocupaciones no solo de Washigton,
porque también es cierto que la OTAN, Italia incluìda, discute sobre còmo
poder intervenir en la protecciòn de las rutas de petròleo y de oleoductos
estratégicos en caso de emergencia.



Con estos presupuestos ningùn acuerdo, màs allà de las apariencias, fue
posible en el vértice del G8. Ninguna justicia climàtica podrà darse si el
cuadro de referencia en el que se mueve es aquel de "mitigar" la
dependencia a los combustibles fòsiles, como si el metadone fuera la cura
definitiva de la dependencia a la heroìna.ì



Y aùn asì alguien lo està probando. Y no se trata de una multinacional en
bùsqueda de una nueva imagen verde, o de reducidos grupos de ecologistas
"nuevoluddisti"; sino de una red de asociaciones y movimientos que ha
decidido de afrontar la cuestiòn partiendo de la idea de que el comercio de
las emisiones y los mecanismos de desarrollo pùlido son fòrmulas elaboradas
a propòsito para no golpear los intereses de las multinacionales
petroleras, principales responsables del calentamiento global. Es
precisamente el comercio de las emisiones el que traslada la
responsabilidad y los implantes sobre el Sur del mundo, creando
consecutivas amenzas y continuando a hacer pagar a los varios "Sures" el
precio del desarrollo insostenible del Norte opulente y consumidor de
energia que a todo costo persiste en mantener sin alteraciòn su estilo de
vida. El mercado de las emisiones de hecho legitima un subsidio a aquellas
empresas responsables de los cambios climàticos y un estìmulo a los paìses
que mayoritariamente consumen petròleo y continuan a mantener el actual
modelo. En la situaciòn actual no lo podemos permitir màs.



El petòleo es uno de los principales factores del efecto invernadero y es
por esto que todas las operaciones petroleras tienen una deuda con el
clima. De años se habla de una moratoria sobre las extracciones petroleras
en las àreas màs importantes de biovidversidad del planeta. Han sido los
movimientos sociales latinoamericanos quienes en estos a



ños han impulsado esta idea, invirtiendo el concepto de deuda e
introduciendo nuevas claves de lectura para medir el concepto de desarrollo
y de eficiencia econòmica. Precisamente gracias al anàlisis y a los nuevos
instrumentos de lectura rebelados por el concepto de "deuda ecològica" los
movimientos y los paìses del Sur del mundo se han definido por primera vez
paìses "acreedores" y no deudores en confronto con el norte. Una inversiòn
cultural de prospectiva articulada a una fuerte propuesta que ha sido
lanzada a todos los gobiernos de los paìses occidentales, partiendo de una
prospectiva del "juntos" en el còmo afrontar las grandes cuestiones de
nuestros dìas.



Hoy esta propuesta fue asumida y reimpulsda por el gobierno ecuatoriano de
Rafael Correa, presidente de un paìs productor y dependiente de las
exportaciones de petròleo. El ministro de la energìa, Alberto Acosta, ha
lanzado -no sin dificultad y conflcitos con Petroecuador- la propuesta de
no explotar pozos de petròleo presentes en àreas de alta biodiversidad como
es el caso del parque del Yasunì. Su objetivo es un triple objetivo:
respetar los derechos de los pueblos nativos, conservar la biodiversidad y
controlar los cambios climàticos. A los paìses "ricos" les tocarìa dar una
compensaciòn del 50% de lo que el estado ecuatoriano ganarìa en caso de
explotaciones de yacimientos, un verdadero obsequio al principio de las
responsabilidades "diferenciadas" en relaciòn a los cambios climàticos. Es
legìtimo que un paìs del sur que asume como punto central de su polìtica la
responsabilidad hacia el ambiente y hacia todos los otros pueblos de la
tierra, sea por lo menos compensado por sus esfuerzos y por la ausencia de
ganancia que esto comporta. Es un modo de reconocer la deuda ecològica de
nuestro modelo de consumo y desarrollo.



Esperamos que después de las declaraciones de apoyo de algunos paìses
europeos como Espana y Noruega, tambièn Italia acoja la ocasiòn para
practicar concretamente una verdadero cambio de ruta autenticamente basado
sobre la justicia ecològica y ambiental.


Giuseppe De Marzo (Ass. A Sud)


Francesco Martone (Sen. Rif. Com./SE)



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